Donde nació Zamais Bot
La rosa que sobrevivió
Zamais construye a su mejor amigo con piezas que otros botaron, descubre una rosa valiente entre las piedras y aprende a cuidarla en su casita de cristal.
Historias de Zamais · Para contar a tus niños
Cada capítulo es una historia de Zamais y Zamais Bot para leer página a página, en voz alta y sin prisa. Iremos subiendo más capítulos aquí mismo.
La rosa que sobrevivió
Zamais construye a su mejor amigo con piezas que otros botaron, descubre una rosa valiente entre las piedras y aprende a cuidarla en su casita de cristal.
Una nueva aventura de Zamais y Zamais Bot está en camino. Cuando esté lista, aparecerá aquí para que la elijas y la leas.
PróximamenteSeguiremos creando más historias de Zamais para contar y entretener. Este espacio queda listo para el próximo capítulo.
Próximamente🌹 Volverás a esta zona cada vez que quieras cambiar de capítulo o cuando llegue una historia nueva.
Un cuento del año 3040
La rosa que sobrevivió
En el año 3040 vive Zamais: un inventor pequeño, de ojos grandes y corazón enorme. Lleva una capucha y una máscara con filtros, porque en su mundo el aire está sucio y no se puede respirar así nomás. Pero para él, la máscara es casi un casco de superhéroe.
¿Y cuál es su superpoder? Arreglar cosas. ¿Una radio rota? ¡A cantar! ¿Una puerta atorada? ¡A abrir! ¿Un juguete sin una rueda? ¡A rodar otra vez!
Zamais tiene dos secretos: le habla bajito a las cosas que cuida, como quien le habla a un amigo, y apunta todo en una libreta de papel para no olvidar nada. Esta es su historia. Y no la vivió solo.
Capítulo 1
Hace mucho, mucho tiempo… bueno, en el futuro: en el año 3040. El cielo se ve gris casi todos los días, como si llevara puesta una cobija de polvo. Muchas casas viejas están rotas, y en las calles ya casi no crecen flores.
Por eso todos salen con máscara. Y todos cuidan mucho sus filtros, que son los que limpian el aire antes de respirarlo. En ese mundo, un filtro bueno vale más que el oro.
Pero Zamais no se pone triste. Cuando mira las fotos viejas de parques llenos de flores y de gente riendo sin máscara, sonríe detrás de la suya y dice:
Y se pone a trabajar. Porque los sueños de Zamais no se sueñan dormido: se construyen despierto, con las manos.
Capítulo 2
La casa de Zamais es un taller. Hay frascos llenos de tornillos, cajitas con tuercas y montañas bien ordenadas de piezas que otros tiraron. Para Zamais, nada de eso es basura. Es un tesoro esperando.
Una máscara vieja se vuelve un purificador de aire. Un tanque vacío se vuelve una maceta gigante. Y una pieza que nadie quiere… esa es su favorita, porque nadie sabe todavía en qué se va a convertir.
Cada noche, antes de dormir, Zamais arregla una cosita. Lo que sea. Porque para él, un día sin arreglar nada es un día perdido.
Capítulo 3
Una tarde, Zamais juntó sus piezas favoritas: una caja de metal amarillo, dos ojos grandes como binoculares, unas orugas de tractorcito y una pantallita pequeña. Atornilló, conectó, apretó… y esperó. Tic. Tac. Tic. Tac.
De pronto, los ojos se encendieron. ¡Brillaban! La pantallita dibujó una sonrisa, el bracito se levantó para saludar, y se escuchó una vocecita:
Zamais sonrió detrás de su máscara y le puso el nombre más bonito que se le ocurrió: su propio nombre, compartido.
«Te llamas Zamais Bot. Y eres mi compañero». Desde ese día, Zamais ya no trabajó solo.
Conoce a Zamais Bot
Capítulo 4
Una mañana, Zamais y Zamais Bot salieron a buscar piezas entre las casas rotas. Bot rodaba adelante, mirándolo todo con sus ojotes. De pronto se detuvo. Su pantallita parpadeó muy rápido, y su sonrisa se hizo enorme:
Entre las piedras grises crecía una rosa. Una sola. Roja, valiente, con sus hojitas verdes bien abiertas.
No debía estar ahí. El aire estaba sucio, la tierra estaba dura… y sin embargo, ahí estaba. Viva. Zamais se arrodilló despacito, con el corazón haciendo pum, pum, pum.
Capítulos 5 y 6
Zamais cuidó la rosa como si fuera de cristal. Le limpió la tierra, granito a granito. Le puso agüita, poquito a poco, para no asustarla. Y Bot ayudaba a su manera: le hacía sombra cuando el sol apretaba, y cada mañana le contaba las hojas en voz alta. Una, dos, tres… ¡cuatro! ¡Creció!
Entonces Zamais tuvo una idea gigante: construirle una casita de cristal, para que pudiera respirar aire limpio. Juntó vidrios de cien ventanas rotas. Bot llevaba las piezas con sus orugas, una por una, sin apuro:
Dentro pusieron un filtro grande que limpia el aire, lamparitas que brillan como el sol de la mañana y camitas de tierra suave. Y la rosa, protegida y contenta, les regaló semillas. Zamais las guardó como el tesoro más grande del mundo. Porque lo eran.
Capítulo 6
Con las semillas nacieron más rosas. Y más. ¡Y más! Muy pronto, la casita de cristal se llenó de rojo.
Cada mañana, el equipo hacía su ronda. Zamais regaba despacito, planta por planta. Bot sostenía la linterna con su bracito y saludaba a cada rosa, una por una:
Parece un trabajo pequeño, ¿verdad? Regar, mirar, esperar. Pero así se cuidan los mundos: de a poquito, todos los días, entre amigos.
Las rosas de Zamais
Capítulo 7
No todas las historias de la casita son de fiesta, y está bien contarlo también. Algunas semillas no despertaron. Algunas plantitas crecieron un poquito… y se cansaron. Zamais guardaba cada pétalo seco entre las páginas de su libreta, como un recuerdo bonito, y escribía lo que había aprendido. Cuidar no es que nunca pase nada malo. Cuidar es seguir cuidando.
Una noche, Bot ya estaba casi dormido, con la batería bajita y un ojo cerrado. Pero de pronto abrió un ojo. Y después el otro. ¡Los dos ojotes, bien redondos!
Al fondo, una rosa nueva se estaba abriendo. Solita. Sin ayuda de nadie. Pétalo a pétalo, como quien abre los brazos para dar un abrazo. Zamais no corrió a buscar herramientas. No había nada que arreglar. Solo se sentó en el suelo, junto a su amigo de chatarra, a mirar.
Esa noche, en su libreta, escribió solo tres palabras: «Abrió sola. Seguimos».
Capítulo 8
Pasaron los días, y Zamais hizo algo muy, muy valiente. Tomó una rosa pequeña y la plantó afuera de la casita. Sí, afuera: en la tierra dura, bajo el cielo gris, sin vidrios que la cuidaran.
Bot daba vueltas a su alrededor, nervioso, mirando el cielo con sus ojotes:
Zamais le puso una mano en la cabecita de metal y le dijo: «La cuidaremos entre los dos, como siempre. Pero también hay que confiar».
¿Vivirá esa rosa? Todavía no lo sabemos. Lo que sí sabemos es que cada mañana dos amigos salen a verla… y que ella sigue ahí, con su tallo firme y una hojita nueva.
Epílogo
¿Quieres saber qué sueña Zamais? Sueña cosas sencillas. Sueña con respirar un día sin máscara, solo una vez, para conocer por fin el olor del aire limpio. Sueña con un camino de rosas que cruce todo el pueblo gris. Y Bot sueña lo mismo, a su manera: con una toma de corriente en cada esquina.
La historia de Zamais no termina aquí. Zamais no salvó el mundo entero. Hizo algo igual de grande: cuidó lo que tenía cerca. Una rosa. Un amigo. Un jardín.
Tú también puedes hacerlo. Planta una semilla y mírala crecer. Cuida una plantita. Arregla algo roto en vez de tirarlo. Ayuda a un amigo antes de que te lo pida.
Zamais sigue en el año 3040, arreglando cosas al amanecer y contando rosas al atardecer, con Zamais Bot a su lado.
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